

Kalmuk también pasó su niñez en el orfanato de Haboox. El sabio Hosanek, consejero real, lo adoptó primero como su pupilo, después como hijo, para enseñarle los misterios de la ciencia. Su notable capacidad de aprendizaje inmediatamente lo convirtieron en un potencial sucesor de su padre en el área científica. Tiene tanta energía que ha dividido su tiempo entre el laboratorio e intensas jornadas de ejercicio físico que han dado como resultado una descomunal corpulencia (esto debido a la alteración genética que tiene de nacimiento). Con su fuerza sobrehumana es capaz de derribar a un edificio; pero por lo general, es muy pacífico y no es fácil sacarlo de sus casillas.